Página dedicada al reconocimiento del ignorado ambiente agreste de la República Oriental del Uruguay.
Si respetas y queres lo "natural", aquí vas a encontrar las mejores imágenes y las instrucciones exactas para disfrutarlos.
Valle Eden - Tacuarembó

A una distancia de la capital del departamento de Tacuarembo de 25 kilómetros por la ruta 26 esta ubicado El Valle Edén, Su entrada esta exactamente ubicada en el kilómetro 208 de esta ruta. Para lograr tomar esta ruta desde la capital del departamento, debemos tomar la Avenida Oribe que cruza la capital desde el puente sobre el Río Tacuárembo hasta su finalización en donde comienza la ruta 26. Llegando a Tacuarembo por la ruta 5 tomamos a la izquierda adentrándonos en ella en la rotonda en la cual esta la estación de ANCAP. La calle posee un cantero en el medio, a 15 cuadras cruzaremos la principal arteria del departamento, su avenida 18 de Julio. Continuamos por la calle que entramos   cruzando la capital hasta tomar otra avenida con un cantero central unas 7 cuadras más adelante. Doblamos a la izquierda y continuamos por esta avenida Oribe hasta su finalización que empalma con el comienzo de la ruta 26. Apenas pasados el mojón del kilómetro 209, se encuentra sobre la margen derecha de la ruta un cerrito cementerio que invita a una corta visita. A su alrededor observaremos con detenimiento antiguas tumbas repletas de huesos roídos por las fauces del tiempo.

Unos 300 metras más adelante por la ruta 26 veremos un cartel que anuncia que hemos llegado a la entrada al valle. 100 metros más adelante divisaremos a la izquierda  la zona de camping, espaciosa y con parrilleros varios entre un frondoso techo de árboles generosos. El arroyo Jabonería nos recibe con sus aguas claras y sus pequeñas piedras tapizando el camino que debemos atravesar para adentrarnos en el valle, también podemos optar por caminar y pasar a través del clásico puente colgante y de paso tomar algunas fotografías del sinuoso andar de este arroyo. Pasando el arroyo debemos continuar por el camino hasta atravesar la vía y unos metros más adelante decidir cual camino tomar. A la derecha se encuentra el museo Carlos Gardel, y en su parte trasera la abandonada estación de trenes, si continuamos más allá del museo por el camino nos adentraremos en un camino de tierra por el cual iremos cruzando pequeños hilos de agua que dependen del Jabonería. Rodeados de frondosa vegetación y divisando el suave planear de los cuervos de cabeza negra, tendremos como compañía la vía del tren, y el apenas audible sonido del agua fresca que cruza el valle por doquier. En un punto llegaremos a un cruce en el cual el cielo quedará a merced de nuestros ojos y estaremos rodeados de un pequeño mar de piedras. A la derecha veremos uno de los tantos puentes por el cual antiguamente cruzaban trenes de forma regular, si caminamos hacia ese costado por la margen derecha del río de piedras encontraremos una pequeña subida entre la mata que nos permitirá subir hasta la vías, o simplemente cruzarlas para disfrutar del otro lado de un generoso espejo de agua cristalina. Continuando por el camino por el cual veníamos, una empinada y peligrosa subida nos permitirá llegar al supuesto mirador del valle, su paupérrimo estado no nos quitará el placer de divisar el valle en todo su esplendor.

Desde las ruinas del mirador recomendamos seguir por el camino de tierra unos 3 kilómetros hasta la entrada al pozo hondo. Este es un agujero profundo en la tierra de un importante espesor, que deja que un pequeño arroyo recorra con sus aguas sus paredes monumentales. El agua en su parte más baja alimenta también la quebrada que divide la planicie y origina una zona de tupida vegetación e inalcanzable comprensión. Según los expertos, fue hecha hace miles de años, y según los lugareños varios buzos profesionales vinieron al lugar a sumergirse en sus aguas y jamás pudieron encontrar su fondo. Después de pasado el proyecto de mirador hay que girar a la derecha, después a la izquierda y al pie de una colina sobre la izquierda del camino, hay una portera que marca el comienzo de una trilla hecha al andar como dijera Machado. Serán las únicas e insuficientes señales que tenemos como guía para llegar a este espectáculo de la naturaleza. Desde el camino pareciera que la llanura no posee ningún secreto más allá del que ocultan sus altas pasturas, pero basta caminar unos 500 metros para darnos cuenta que hay algo más de lo que nuestra corta vista alcanza. Matas, piedras, y el monte comienza a aceptarnos sin pedirnos nada a cambio, tras los primeros indicios de que nos acercamos a un arroyuelo vemos un alambrado que cruzaremos como podamos. A pocos metros el arroyo que alimenta al pozo hondo ya esta a nuestro pies, podemos cruzarlo y continuar por su margen derecha o simplemente irlo acompañando desde el mismo lado. Sin previo aviso estamos ahí… la roca partida abre su interior para maravillarnos con este accidente del terreno, más allá la quebrada continua y si tiene el espíritu suficiente y la voluntad para hacerlo le recomiendo que cruce la parte alta del pozo y camine un poco más. La quebrada es de una buena altura y hay que ir con cuidado, pero sin duda que la vegetación impenetrable de su parte baja, su majestuosidad, su suave murmullo y los ruidos misteriosos de su parte más profunda deberían recordarnos de que a pesar de ser los dominantes no estamos solos en este mundo.

Retomando desde el lugar en el cual esta el museo Carlos Gardel podemos optar también por dirigirnos hacia el otro lado, o sea tomando a la izquierda después de haber cruzado el puente colgante y las vías del tren. Desde ese punto el camino nos deja divisar a ambos lados cerros chatos a la lejanía, y pequeñas elevaciones sobre el otro lado del camino. Unos dos kilómetros más adelante sale un camino a la izquierda que nos llevará unos 4 kilómetros más adelante a encontrarnos con “Las Marmitas”. Estas son caprichosas formaciones rocosas que permiten que el agua corra a través de ellas y franquean el camino por el cual vamos transitando. Antes de llegar deben atravesarse dos badenes circulados por hilos de agua que después de varios días de lluvia pueden ser impasables en auto, solamente con una camioneta en estos casos puede lograrse llegar a la otra orilla. Si continuamos algunos metros más desde el punto en donde ese camino se abre a la izquierda, veremos a la derecha una loma con una capilla en ruinas sobre nuestra derecha. Hay que continuar un trecho hasta detenernos y con esa capilla como referencia siempre sobre nuestra derecha, penetrar en el campo para ir hasta la “Gruta de los chivos”.

Un valle con pasturas verdes y seguramente transitadas por majadas de asustadizas ovejas será lo que deberemos cruzar para llegar hasta esta gruta. Bajamos por la punta del valle a nuestra izquierda y volvemos a subir, después caminamos hacia nuestra izquierda y traspasamos un alambrado. Desde ahí, una hondonada que baja abruptamente debe ser rodeada por su parte más alta, la vegetación enfrente nuestro que tapiza la pequeña quebrada nos irá dando las primeras imágenes de este lugar. Podemos optar bajar por esta hondonada para introducirnos en la quebrada misma y observar las formaciones rocosas que forman la gruta. Si la lluvia ha sido generosa en los últimos días dejará caer el líquido elemento en forma de pequeña cascada por sobre ellas. La otra opción es seguir por arriba de la hondonada caminando hacia nuestra izquierda y admirar la cascada desde el lado de enfrente, muy recomendable para sacar alguna que otra foto si es que esta rebozante de agua.


Pozo Hondo - Valle Eden - Tacuarembó

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