Página dedicada al reconocimiento del ignorado ambiente agreste de la República Oriental del Uruguay.
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El Chorro - Tacuarembó

El chorro, es una formación rocosa abrupta de gran altura. Un arroyuelo cae libremente desde su parte más alta, bañando el fondo de una espesa quebrada. La vegetación de la parte baja es semejante a la de las Grutas de los Helechos y la de los Cuervos.

Para acceder a este espectáculo de la naturaleza, hay que viajar unos 45 kilómetros desde la capital de Tacuarembó, en dirección a Montevideo por la ruta nacional número 5. Pasando el mojón del km. 348 y apenas metros antes del arroyo Quebrada Chica, hay una entrada de tierra a la izquierda con un cartel: "Local feria Don Gabino".

Después de internarnos en este camino hay que recorrer unos 500 metros, y a nuestra derecha veremos el casco viejo y gris de la estancia “La Tuna”.

El capataz de la misma nos dará las instrucciones y la autorización para poder caminar libremente por su terreno. A lo largo del camino hacia el lugar aparecerán cada tanto carteles vetustos, donde a pesar del tiempo transcurrido puede leerse “El chorro” y una tenue flecha que nos irá guiando. La caminata es tranquila por un terreno llano en medio de una pradera interminable, salpicada cada tanto de solitarios árboles en compañía de enormes rocas.

El silencio nos inunda y nos rodea, a medida que atravesamos porteras y nos acercamos a nuestro destino. La distancia que hay que recorrer desde la estancia es de entre 4 y 5 kilómetros, después de pasadas un par de suaves elevaciones veremos un camino que apenas ha dejado huellas de transitar humano. Llegaremos al cementerio de la estancia que aparecerá a nuestra derecha, unos pocos metros más y de repente…, como si algo omnipotente lo hubiera puesto ahí, una depresión delante nuestro nos maravillara con un pequeño valle que quedará postrado a nuestros pies. Sobre la izquierda y a la lejanía, apenas visible a nuestros ojos, y tapado por la enmarañada vegetación se encuentra la caída de agua. Los carteles siguen apareciendo, y serán nuestra guía hasta que el sonar del arroyuelo chocando contra las impertérritas rocas, resonara en nuestros oídos. El terreno cuando penetramos en la zona cercana al chorro es abrupto y debe tenerse cuidado, grandes piedras y helechos de un verde impoluto logran que la caminata pierda velocidad. Otra vez el silencio…., el aire puro, el verde original de los helechos y los sonidos naturales del entorno acompañados siempre por el infatigable volar de los cuervos de cabeza negra. Después de maravillarnos unos momentos, podemos intentar subir a la parte alta de la caída. Tendremos que volver por el mismo trecho hasta salir de la vegetación, y subir la elevación tomando hacia la derecha. En la parte izquierda veremos una explanada de piedra salpicada por rocas más pequeñas, y a la derecha el arroyuelo que cae abruptamente en la piedra cortada. La vista es hermosa y los cuervos apenas si se inmutan con nuestra presencia, dándonos a entender que muy pocos han sido los que han tenido la atrevida valentía de llegar hasta este lugar. 


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